Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir, de familia noble, con conocimientos filosóficos, a causa de ella, se convirtió la mujer del emperador Majencio, junto con otras personas al cristianismo. Al no ser del agrado emperador, este, hizo que se enfrentara a los mejores pensadores de su tiempo a los que rebatió. Fue amarrada a un potro y decapitada. Su cuerpo se venera en el monasterio del Monte Sinaí. Patrona de la elocuencia, los filósofos, predicadores, solteras, hilanderas y estudiantes.
Los jóvenes de la lectura de hoy estaban en el destierro, sin pueblo, familia, ni templo pero eran conscientes de la presencia de Dios, de su estar con ellos. La respuesta a su fidelidad en el cumplimiento de la ley por respeto al Señor, les trae su protección e intervención en los acontecimientos concretos diarios, porque Dios siempre responde.
Dar de nosotros con el del corazón, no con la frialdad de lo que nos sobra, teniendo en cuenta que dar es compartir, entrando en la necesidad, en la angustia del necesitado. Dar es amar, viendo en la persona asistida a Jesús, -el que decimos nos duele- Ser caritativos con la generosidad de Dios, como si fuera la última justicia que vamos a hacer, siempre bajo la gracia divina. Caridad es justicia, con la limosna, dar el corazón y el alma rebosante de misericordía.
Por justicia y amor estamos obligados a colaborar económicamente ante la pobreza en el mundo, siendo lo adecuado, hacerlo por los cauces mejores como son nuestras Caritas, Manos Unidas, (asociación de la Iglesia Católica para la promoción y desarrollo del tercer mundo) proyectos Parroquiales… el personal que está detrás de ello, están preparados para toda clase de asistencia; organizando, coordinando, con sus respectivos seguimientos, dando respuestas al problema de la pobreza (en el que tanto tenemos nosotros que ver y que actuar) respetando la dignidad de las personas, buscando la igualdad por la justicia y la caridad, con proyectos individuales, de familias, comunitarios…como el Papa bien dice y quiere “los pobres lo primero”. Para crecer en amor por fuerza hay que crecer en justicia, la justicia tiene que ser total y absoluta para que sea verdad. ¡Difícil! Pero el Espíritu Santo nos asiste. ¡Animo y a compartir para hacer el mundo más justo!
¡Si, a la vida!