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Hoy tengo mal sabor de boca porque ayer me enfadé de manera injusta, tenía razón en mi mosqueo pero nunca hay motivos para enojarse de mala manera. Cuando se pierde el control la impresión que damos es tremenda; creamos mal ambiente, damos mal ejemplo, humillamos a la otra persona no tratándola con respeto y dignidad, se falta a la caridad ya que en ese momento ni nos acordamos de Dios, ni le amamos. San Juan de la cruz dice: “ un pecado contra el prójimo es como si pincháramos a Jesús, en las niñas de los ojos con un instrumento punzante”. Le pedí al Señor en la Eucaristía que me pacificara y lo hizo, de manera que a pedir perdón y a otra cosa que hay mucho por hacer. Tengo que sacar de semejante gran Dios lo que le he introducido, así que a trabajar.
Mis debilidades es mi seguridad, porque me demuestran mi necesidad de Dios. ¡Cuánto lo necesito, por ser menos que nada! De hecho, nunca jamás le prometo ninguna cosa, y quisiera… ¡Quisiera prometerle tantas y grandes cosas! Pero… el miedo de no cumplirlas me paraliza, lo único que le juro es el necesitarlo siempre; aquí, sí tengo la completa seguridad de no equivocarme. Es lo único que tengo clarísimo, con claridad cristalina, su existencia y mi necesidad del Dios de mi vida.
Mis pecados no me detienen en mi relación con el Señor, al contrario, es tal la seguridad que tengo en Él que mis mismas infidelidades son las que me empujan a buscarle con más ahínco, sabiendo que mi Señor no me dejará, dándome la espalda, siempre está ahí, rápido para acudir en mi ayuda para levantarme, acogiéndome con su Infinita Misericordia de Amor Infinito.
Hoy ofreceré el día por la persona a la que he ofendido, pidiéndole al Señor que le dé todas sus gracias, dándole un buen sitio en su Reino muy por delante de mí. http://botellasalamar.over-blog.es/
Por favor una oración para una mendiga. ¡Ah! No enfadaros
¡Sí, a la vida!
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