Por Botellas a la mar
San Jenaro, patrón de Nápoles. Todos los 19 de septiembre, la sangre de color terroso, seca y sólida -de este santo- guardada en un relicario, se vuelve líquida y de color vivo como recién derramada. Felicidades y bendiciones, a la ciudad de Nápoles.
La prostituta a los pies de Jesús, no le importa el qué dirán, en su debilidad nos da una lección de fe, de abandono, de confianza de audacia, de adoración, un ejemplo de amor sobrenatural, de verdadera profundidad mística, su corazón de mujer y mujer de la vida pero enamorada, le hace intuir, conocer en el Hombre que tiene ante ella, al Ser más Puro, Maravilloso y Divino que no la juzga, la ama. Y… se entrega con suma delicadeza, con ternura al Amor, a su Dios.
Prueba de que los pecados reconocidos en humildad, no nos separa del amor de Cristo porque siempre somos recogidos, envueltos en misericordia, perdonados, amados, transformados en la intimidad de su corazón.
La contemplación del Señor, nos transmite paz, amor, santidad, todo lo que Él és, dejando el corazón suspendido, enamorado. ¿Cómo quedaría esta mujer?
¡Santificada!
¡Sí, a la vida!

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