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Sacerdotes

                                              imagesSXF55NM6.jpg Hombres como los demás, simples pecadores; amados,  elegidos, llamados, invitados, ungidos. Enviados por Jesucristo para ser testigos y apóstoles por vocación, llamados a la santidad yenviados en una misión profética y de servicio al Dios Omnipotente, haciéndolo presente en medio de su Pueblo.

    Es creer con todas las fuerzas del ser en Cristo, principio y fin de todas las cosas,  por quien  recibemos la gracia y el apostolado para testificar nuestra fe, para gloría de su nombre, entre todos los hombres y todo lo creado.

    Es una experiencia única, fuerte, real, es el vivir en comunión constante con el Maestro y con los hermanos, llenos de entusiasmo, alegría y esperanza, sin más perspectiva que trabajar para Ellos.

    No cabe duda que los sacerdotes también contribuyen, siendo parte de los males de la sociedad, cuándo no tienen una sincera y total disponibilidad; con radical pobreza, humildad, apertura de corazón, conciencia recta, necesidad de recibir el amor de Dios para chorrearlo, entendiendo, acogiendo y perdonando junto con el Señor.

No dejándose enredar por el mundo, rodeado de comodidades ni buscando el poder, el dinero, o el protagonismos rebosantes de soberbia; tampco han de confundir a la gente con sus actitudes, criterios y juicios propios, formados fuera de la luz del Espíritu, sin ser servidores sino servidos.

No pueden dejar pasar el tiempo como  funcionarios más o menos eficaces en la administración de las parroquias, sino como Cristos, reflejos de la gloria del Padre junto con el Señor Jesús.

   Es por lo que el sacerdote, a quien le ha sido confiada la predicación de la Buena Nueva, hace presente mediante las   palabras de la consagración, se produce su manifestación real y viva, en la que todo Él se hace presente, con la plenitud de su divinidad. No tienen más remedio que estar en un continuo examen y ascesis personal. Poniendo freno eficaz a las miserias y debilidades, huyendo de todo lo que no sea su ministerio, teniendo un estilo de vida en consonancia con la llamada, la unción y la Palabra. Por fuerza los corazones sacerdotales tienen que quedar irradiados por la sabiduría de la Palabra y por la luz del Espíritu, alumbrando todas las oscuridades profundas del ser, haciendo que la transformación de la mente y el corazón sea tal que queden rendidos, cautivados, enamorados, adorantes en una entrega total al Señor, siendo uno sólo con Él para transmitirlo a los hombres, compartiendo sus penas y alegrías, colaborando en la justicia, la verdad, la paz. En el bien de cada persona y en la instauración del Reino. Es vivir  repletos de infinitud, haciendo del mundo un altar donde se hace oblación junto con Cristo, en sacrificio y honor al Padre.

  Es por lo que no hay compromiso, ofrecimiento, juramento, servicio, consagración mayor en la tierra, que la del sacerdote. Porque es una alianza entre él y Dios mismo, por lo que de ninguna de las maneras pueden faltar  al Señor, haciéndose del mundo, embarrándose en él, ahogando el Espíritu. No viviendo en consonancia con la unción recibida.

    En definitiva, lo que quieren y necesitan la gente es ver a Dios en los sacerdotes. Es decir, sacerdotes santos.

                                    ¡Sí a la vida!

              12[1]                                 

 

  Bibliografía: Nuevo Diccionario de Espiritualidad

                        Karl Rahner

                        Dios, amor que desciende

                        Ser sacerdote hoy

 

             

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