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Entre los santos de hoy está la advocación de la Virgen de la Viña, Patrona de los viñadores y la de la Virgen de la Cinta Patrona de Huelva, de donde salió Cristóbal Colón para América. Bendiciones para lo viñadores y los onubenses.
Cada vez son más las voces que se levantan contra lo que dicen la gran mentira de la guerra de Siria, confirmando que es totalmente falso lo que llega hasta la opinión pública, ya, que los rebeldes están coordinados y dirigidos desde la OTAN (Turquía) por Estados Unidos, aliado con otros países llamados democráticos y de derechos; siendo talmente incierto el gaseado de la población, aportando imágenes falsas de dicha agresión.
Una vez más, queda demostrado la valía de la clase política, de los poderosos, el cinismo, el despropósito de la clase de dirigentes, profesionales del cinismo, del engaño y la mentira ¡Pobre humanidad! Siempre en manos del jefe de turno a merced de sus intereses, más fuertes, que el sentir de los pueblos, que los derechos humanos de las personas, propiciando el horror, la destrucción y la muerte.
Por un lado Bachar Al Assad, detestable por sus crímenes, por otro los rebeldes mercenarios, a los que se han unidos presos de diferentes países, que asedian, roban, violan y matan a los que no se unen a ellos. Al parecer dirigidos y suministrados desde el exterior, por países que han urdido el engaño, dando lugar a una operación encubierta.
¿La verdad de todo esto? ¡La muerte, la destrucción, la guerra! El sufrimiento de las personas, en manos unos de otros.
Todos los días cojo mis armas de paz: breviario, biblia y rosario, trasladándome, mental y espiritualmente a Siria, uniéndome a las monjas trapenses que viven allá, en lo alto de la colina de la aldea moronita. Pidiéndole al que reconcilia a todos los seres del cielo y de la tierra que traiga la paz por la sangre de su cruz, que su sangre de la alianza, nos alcance a todos, a los que somos buenos y a lo que somos malos, que a todos llegue su misericordia, que a todos los hombres que padecen las guerras, los envuelva en su corazón y en el de su Madre, llenándolos de fortaleza. Que el Rey y la Reina de la Paz nos haga hombres pacíficos. Así sea.
Hermanos, pidamos también, por la clase política; buenos, buenísimos, regulares, malos, malísimos, todos son hermanos nuestros, hijos de mismos Padre. Que el Señor nos bendiga con dirigentes santos que conduzca este mundo por caminos de paz.
¡Sí, a la vida!
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