Por Botellas a la mar
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Entraste en mi vida creyendo que venías traída por de la mano de Dios. Te mostrabas encantada, feliz, ¡y lo eras! pero... tu carácter pese a lo mucho que lo trabajamos, se apoderó de nuevo de ti y triunfó, devolviéndote a tus frustraciones, con descontroles iracundos, a tus sin saber... ¿qué? ¡Aburriéndote! donde había un incipiente bonita amistad, la empezaste a abonar con tus fatídicas neuras y... ¡yo? ¡infeliz de mi! tenía que ser paciente, esperar sin cansancios por amor porque lo que Dios había propiciado, ¡no lo podía desbaratar! ¡Te veía tan débil! ¡llena de tantísimos miedos!
Nuestra relación convirtió mis días en una continua tragedia. ¿Cómo he podido vivir tanto años contigo? ¿Atenazada de congojas, luchando constantemente para no ser comida por la tristeza, que me impedía ver el espectáculo de belleza que me rodea? Todo lo vuelves opaco, oscuro, gris, al envolverlo el aire infectado que desprendes ¿Cómo he salido de ti, de tus garras? ¡Muerta! Y... una vez muerta, me has arrojado como cadáver indigno que no merece sepultura. A esto hay que añadir el precio que he pagado... ¡Mi niña de mi alma!
¡Sí, a la vida
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