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Mi de profundi ¡Tú me dueles!

                                                                      

    Decidirme a hacerte frente fue dolorosísimo. ¿Cómo iba yo a hacer semejante disparate? Pero Don J. Roble,  Lole y otras personas, con sus sabios consejos me hicieron razonar, D. J. me dijo: “-siempre hay que buscar la justicia, estás obligada a ello”. Temblando dije: !sí!. Había verdad más que sobrada para haber planteado todo de diferente manera pero nunca te hubiese dejado desnuda ante el mundo. Fue gran sorpresa el comprobar que personas que creía muy allegadas a mí, manifestaron lo contrario, como Ana o Auxi, me quedé pasmada, no quise indagar, saber nada de lo que pudieran decir, ni aún, con los que se ofrecieron de testigos me entrevisté. No se trataba de ajusticiarte sino de compartir a la niña. ¿Me equivoqué? ¡No!, prefiero lo que ha pasado porque... ¡tú, me dueles!.

     Tuve que aceptar lo que me repelía, permitir que personas extrañas, limitadas e indiferentes, hurgaran en mi vida, en nuestra relación y decidieran con sus limitadas carencias, y falta de interés por la verdad. Pero... ¿Cómo dejar ir a F. sin hacer nada, cómo si no me importara? Me preguntaba: pero... ¿tú,  crees en la justicia? Y no me sabía contestar, pero tenía que continuar por no poder sobrellevar que arrancaras a la niña de mi vida y a mi, de la vida de ella, sin más.

    José Luis, desde el momento que recibió vuestra respuesta a la demanda dijo que era  que era terrorífica, se dio cuenta que estaba escrita por ti, todo con el mismo tipo de letra, sin diferencia alguna, mostrando claramente tu manera bronca, agresiva de pensar y actuar, tu estilo de redactar, cuando él lo comprobó dijo: -me niego a entrar en tanta basura como traen. Tienes el corazón tan duro de tanto odio que estás enferma no sólo de de mente, también de alma.

     ¡He sufrido tanto aguardando este juicio! ¡Qué espera más larga! Pensar en él era insoportable, me encogía toda por dentro. ¿Cómo enfrentarme a ello? ¿Cómo volver a verte? ¿Cómo sería? ¿Qué pasaría? ¿Cómo regresar después a nuestra casa? ¡todo era una sola pregunta! ¿Cómo? Pensaba que tendrían que llevarme inconsciente, de lo contrarío llegaría gateando, por la imposibilidad de sostenerme. Llegado el momento, me envolvió una gran paz aislándome, protegiéndome de todo. No conocía más que los juicios de las películas, el nuestro las superó a todas. Estuvo a la altura de la mejor comedia. ¡Asombroso! Atónita, observaba a los que tenían que intervenir, preparados para el ataque, tensos, serios, expectantes. Con curiosidad del desarrollo del desenlace y... sin tiempo para expectativas, el juez acaparó el total protagonismo, seguro de si mismo, con tremenda prepotencia, ridiculizó constantemente a los abogados, acharándolos, ridiculizándolos, los machacó sin pudor, dejándolos desconcertados, aturrullados y mosqueados. Vomitaste un chorro de mentiras con fuerza, y contundencia, las preguntas para mí estaban preparadas, con muy mala uva, pero el juez no dejó a tu abogada recrearse en ellas, El psicólogo del juzgado te apoyó abiertamente y la fiscal también. Salisteis contentos sonrientes y con la sentencia en la mano ¡Qué poderío tienes! Pese a mi absoluta ignorancia creo que ese juicio en sí, sería nulo por la aptitud del juez contra los letrados y por las violaciones a la verdad. Así lo creo.

    Que miedo intervenir con poder que sólo corresponde a Dios, en las vidas rotas de las personas, apoyados por leyes humanas, decidiendo, impartiendo, la llamada justicia hechas por hombres ¡Qué desgracia! Para los que reciben sentencias injustas, sufriéndolas y para los que la dictan, qué cúmulos de equívocos se pueden cometer y se cometen... que sin remedio hay que padecer. ¡Dios nos ampare! A los unos, y a los otros.

                                ¡Sí, a la vida! 

 

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