23.º Cuando me comunicó la adopción de Fátima me quedé completamente perpleja. Nunca imaginé que pudiera llegar a actuar de esa manera, a mis espaldas. Repitió y recordé la aptitud en la comunión de F. algo que, a día de hoy, todavía no he conseguido asimilar.
Me quedé alucinada, bloqueada. Además es totalmente falso que yo la amenazara diciéndole que prefería que la niña fuera a un centro antes que ella se quedara con F. Jamás he dicho algo así. Indudablemente prefiero que F. se quede con ella antes de que acabara en un centro, aunque eso no significa que sepa si esa es la mejor opción para ella.
Yo nunca he salido voluntariamente de la vida de mi niña. Me han echado de ella. Me han apartado. Incluso, cuando F. me ha llamado ha gritos, le decía que no lo hiciera, que yo no la quería. Nada más lejos de la realidad.
F. no se merece que me aparten de su vida, ni yo merezco que la aparten de la mía.
24.º Es incierto que yo le bloqueara el teléfono. ¡No se hacerlo! Ella si me había eliminado los números de dos de sus hermanos y creo que también el del Sr. Obispo; esto último no puedo asegurarlo, aunque mi contacto desapareció.
ES totalmente falso que yo me llevara mis pertenencias. Cuando C., que me tenía vigilada, me echó de nuestra casa y nuestro centro, no me dio tiempo ni siquiera a recoger mis objetos personales de aseo. Me los hicieron llegar tiempo después, ya que me obligaron a marcharme en ese mismo momento. Ella lo sabe perfectamente porque se quedo viviendo en la casa.
Sí es cierto que yo estaba muy enfadada y no abría los mensajes de WhatsApp, pero sabía en todo momento dónde y cómo estaba F.
Es completamente falso que yo le dijera que sacara inmediatamente a la niña de la casa porque iba a entrar yo. ¿Quién puede creer semejante despropósito? Es impensable que yo echara a mi niña de su casa, ni siquiera habría sido capaz de hacerlo con C. ¡Jamás haría algo así!
Creo que quien se lo dijo fue D. Jaime o el Sr. Obispo; yo, en ningún momento, la llamé.
Es cierto que al volver no vi a F. sabía que C. no me no me lo permitiría. Llegué el Viernes Santo, con los trabajadores, me hice la prueba del COVID-19, cuyo resultado fue negativo. No obstante, tuve que permanecer cinco días aislada por protocolo sanitario. Cuando finalizó ese periodo y me encontré con C., en presencia del administrador y de la trabajadora social, me abordó, a chillidos, voces y faltas de respetos. Nunca más volví a verla.
El Sr. Obispo no hablaba conmigo ni yo lo llamaba, ya que me lo habían prohibido. En ningún momento C, pudo ponerse en contacto conmigo a través de él. Es totalmente falso que yo le dijera: “saca a la niña de la casa y te metes donde puedas”. Esto se puede comprobar, ya que fue D. Jaime quien se lo dijo, en contra de mi voluntad, aunque por supuesto, garantizo que lo habría hecho con toda delicadeza, buscando una solución a tanto enredo.
¡Sí a la vida!
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