Por Botellas a la mar
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San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, llamado boca de oro, por ser uno de los mejores oradores de todos los tiempos.
Al igual que Pablo somos apóstoles de Cristo por disposición de Dios ¿Nos sentimos realmente elegidos, llamados, amados por Dios? ¿Correspondemos con las respuestas de nuestros actos a esta elección? ¿Nos hemos planteados siquiera cual el nuestra vocación? El problema no es ser pecador, sino instalarnos en el pecado, acostumbrándonos a ello. Sin energías para sacudir nuestra tibieza, cansancio y hastíos de la vida ramplona que llevemos, con el agravante que no nos satisface; por no vivir con radicalidad el llamamiento, la misión para la que hemos sido llamados.
Vamos a vivir una sola vez, pasando por esta mundo –lo más seguro- anónimos sin dejar huellas en la historia. Mas, como a Pablo, Dios nos ha hecho capaz, se fía de nosotros y nos confía el proyecto, su proyecto, su misión que tiene reservada para cada uno de los hombres desde toda la eternidad, cuya ejecución junto con Cristo Jesús, -nunca solos- nos hace realizarnos como hijos de Dios en el servicio, a favor de la Iglesia , de los hermanos.
Los cristianos de ninguna manera podemos vivir para nosotros mismos, ni para lo nuestro, nuestra vida como la del Señor, siempre, es para darla a los demás, para esto, Dios derrocha su Gracia, tras Gracia sobre nosotros, protegiéndonos, bendiciéndonos y enseñándonos el Camino de la Vida.
Que nuestra respuesta a la elección del Padre, sea un sí, como el de María. Abandonándonos sin miedo a la acción del Espíritu Santo.
¡Sí, a la vida!
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